28 abril, 2016 1 Comment Reflexiones

Todo saldrá bien

Camino-Rafael-VidacMiro hacia atrás y lo veo con claridad:

Las decisiones son los ladrillos con los que construimos nuestra Vida.

Aquel día, tiempo atrás, pude observar con nuevos ojos cómo mi jefe se desgañitaba mientras increpaba, enfurecido, a quien fuera con quien estuviera hablando a través del teléfono. Era unos quince años mayor que yo; le sobraban muchas preocupaciones, bastantes horas de trabajo y unos cuantos kilos de peso.

No era un hombre feliz.

Y en aquel momento se me hizo evidente: yo no quería acabar así.

Escogí una carrera universitaria que aunara el contacto con la naturaleza y la ingeniería civil. Mis padres me habían enseñado a amar el medio natural y estudiar ingeniería geológica me pareció una opción interesante, en ese sentido. El problema es que yo no era un estudiante brillante — ni mucho menos— y no se trataba de una carrera corta ni sencilla… Pero me matriculé, de todos modos.

Y, aunque no fue fácil, las cosas salieron bien.

Años más tarde, ya trabajaba como ingeniero civil y me ganaba bastante bien la vida. Al menos, económicamente hablando… Sin embargo, desde el momento en el que comprendí que no sentía ningún entusiasmo por mi futuro laboral, una sombra de duda e insatisfacción se cernió sobre mi y, por más que lo intentara, era incapaz de liberarme de ella.

La Vida movió ficha y, pocas semanas después, llegó a mis manos un folleto que promocionaba una formación en terapia psicocorporal. Era cuatro años de estudios, pero me fascinó al instante… Pero realizar aquel curso suponía una serie de dificultades considerables, como incompatibilidad de horarios con mi trabajo y el esfuerzo de realizar un viaje de ocho horas en tren, cada vez que acudiera a las clases. Me apunté, de todos modos.

Y, aunque no fue fácil, las cosas salieron bien.

Conforme más estudiaba sobre la naturaleza del ser humano más fascinado estaba, más deseaba aprender y más apremiante era la idea de aventurarme en un giro profesional. Pronto tuve oportunidad de atender mis primeros clientes, lo cual significó una dificultad insalvable a la hora de compatibilizar mis horarios profesionales. Al mismo tiempo, necesitaba ciertos ingresos estables y eso implicaba mantener mi profesión como ingeniero.

Decidí buscar un empleo a media jornada, mientras acababa de asentar mi nueva profesión como terapeuta. Me dijeron que la idea era imprudente y que no lograría encontrar un horario como el que buscaba… Empecé a buscar un nuevo empleo, de todos modos.

Y, aunque no fue fácil, las cosas salieron bien.

El tiempo pasaba. Por las mañanas trabajaba como técnico funcionario en el departamento de aguas de mi región y, por las tardes, como terapeuta. Al mismo tiempo, mi apetito por conocer más sobre cualquier cosa que apuntara al crecimiento personal no cesaba. Finalicé diversas formaciones, incluyendo un master de más de seiscientas horas en coaching personal, ejecutivo y empresarial y una formación de tres años en medicina natural. Al mismo tiempo, trataba de mantener dos profesiones a pleno rendimiento…

Era demasiado. Lo cierto era que me aferraba con uñas y dientes a algo que temía soltar…

Pero la Vida, de nuevo, movió ficha. Perdí quince kilos de peso en poco tiempo y enfermé de gravedad, pero tras un largo periodo de recuperación entendí que mis miedos no me permitían dejar atrás, definitivamente, mi primera profesión. Decidí entonces enfrentar aquel temor y abandonar completamente mi trabajo como ingeniero, dedicando todo mi tiempo laboral a la actividad que me apasionaba. Recibí apoyo de las personas que me querían, pero también cierta duda e incomprensión (“¿a qué dices que te quieres dedicar?”).

Y, aunque no fue fácil, las cosas salieron bien.

Mi profesión como terapeuta y coach personal ha sido un regalo, un logro y, al mismo tiempo, la fuente de aprendizaje más importante de mi vida. También ha significado para mí, la constatación del enorme poder de nuestras propias decisiones. Cada una de ellas es una nueva pieza con la que construimos nuestra Vida, un nuevo trazo en el dibujo de nuestro destino. Miro atrás y la enseñanza es ahora evidente: somos nosotros, con nuestras elecciones y, también, con lo que no nos atrevemos a decidir, quienes determinamos el camino que vamos a seguir.

Y, aunque dicho camino no siempre es fácil, ahora estoy seguro: si te atreves a seguirlo, las cosas siempre salen bien.

Rafael Vídac

Rafael Vídac

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Rafael Vídac (Barcelona, 1976) es licenciado en ingeniería superior geológica. Tras dejar el campo de la ingeniería civil se formó como terapeuta psico-corporal y coach personal, además de finalizar diversas formaciones complementarias en el campo de la psicología y la medicina natural. Desde entonces ha dedicado su vida profesional al mundo del crecimiento personal trabajando desde su consulta ubicada en el centro de Barcelona.

Actualmente compagina su trabajo con la escritura y la publicación diaria en redes sociales. Sus breves reflexiones, basadas en su profesión y en su pasión por el potencial humano, llegan diariamente a más de un millón y medio de seguidores en todo el mundo.
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